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Spanish Fiction


Nunca está de más echar unas risas aunque sea a costa de tanto delincuente. Ex-paña sigue siendo diferente.



¿Por qué cuesta tanto encajar la Verdad?


Porque todavía somos capaces de tragarnos tan grandes y trascendentes mentiras como el falso atentado del 11-S, cuando a poco que indagues (pero poco, te lo aseguro) te vas a dar cuenta de ello, y además te van a encajar todas las piezas con que la agenda del poder mundial (que os aseguro que nada tiene que ver con Rajoy en España ni siquiera con la Merkel en Europa) ha confeccionado ese puzzle de terror y miseria al que nos están llevando en la actualidad, y que por supuesto también nos negamos a aceptar, resulta muy recomendable leer este artículo donde se explican con claridad algunas de las claves para que así sea.

¿Por qué rechaza la gente las Teorías de la Conspiración?

 

la proxima guerra por que rechaza la gente las teorias de la conspiracion


La burla de las teorías de la conspiración en la prensa estadounidense y en los medios occidentales se basa en el argumento simplista de que la razón está del lado del gobierno y de la burocracia, y no al margen de la sociedad y la civilización. Los defensores contra la conspiración afirman ridículamente que los teóricos de la conspiración son presa de la paranoia y el pensamiento irracional sin explicar su razonamiento defectuoso propio.
Le ponen gran énfasis a las etiquetas y ninguno a los hechos. Pero no son los únicos. Al parecer, los insultos son suficiente para ganar un juicio en un tribunal estadounidense del siglo XXI. Vamos a dejar de lado las burlas y mirar el panorama real. En el tribunal de la opinión pública mundial, la verdad sobre el 11 de Septiembre ya ha ganado. La verdad es que los “teóricos de la conspiración” del 11 de Septiembre [leáse relatores de la verdad] no son la parte irracional en el debate acerca de lo que pasó el 11S, porque los hechos de la historia están de su lado y nadie con un intelecto honesto puede decir lo contrario.
Como la mayoría de la gente no está convencida por los hechos sino por el miedo, a ciegas rechazan la verdad sobre el 11-S y acusan a los “teóricos de la conspiración” de ser irracionales, conspirativos y paranoicos. Además del miedo, hay cuatro razones por las cuales las personas rechazan las teorías de conspiración de una manera al por mayor, sobre todo las reclamaciones basadas en hechos realizadas por el movimiento global de verdad y justicia sobre el 11 de Septiembre.
1. Miedo. Hay muchas dimensiones en cómo la gente bloquea el miedo de descubrir, aceptar y decir la verdad sobre el 11S. La primera dimensión es cósmica. La historia oficial sobre el más importante acontecimiento socio-político de la historia moderna se ha grabado a fuego en el corazón de la cultura y la civilización occidental. La imagen que Estados Unidos tiene de sí misma está envuelta en sí misma con el cuento de hadas del 11S. Para muchos, el miedo de cuestionar la autenticidad de la historia se relaciona con el miedo de sacudir el escenario cosmológico dentro de la propia mente que ha sido construido por los líderes políticos y la televisión. La segunda dimensión es social. La gente tiene un miedo básico de no querer ser asociados con los “teóricos de la conspiración y sus opiniones locas y paranoicas”. Ellos quieren quedarse dentro de la seguridad de la tribu, y renegar de los mitos más sagrados de la propia tribu va más allá de la traición, que se interpreta como un suicidio espiritual. La tercera dimensión es la más obvia: El miedo a la muerte. El gobierno está observando lo que usted dice y lee, y sabe lo que piensa y cree. La mayoría de la gente, naturalmente, no quiere quedarse en evidencia y gritar en la multitud: “Yo pertenezco a vosotros porque rechazo las mentiras y las fábulas! Ahora venid a por mi!”.

¿Dónde está el turismo olímpico?


Una noticia curiosa curiosa...

Londres, ciudad fantasma



Ni rastro del millón de turistas que iba a visitar la ciudad en los Juegos.
No se ha pasado de 100.000, tres veces menos de lo habitual en agosto.
Algo extraño ocurre en Londres, la ciudad ‘fantasma’. Cualquiera diría que sobre el puente de Westminster ha caído una bomba de neutrones y que en el Soho estuviese rodando Danny Boyle la secuela de ’28 días después’. El caso es que las hordas de turistas a los pies del Big Ben han dejado paso a una sorprendente calma chicha que tiene muy intrigado al mismísimo Sherlock Holmes
¿Qué ha ocurrido de la noche a la mañana? ¿Dónde está ese millón de turistas que iban a colapsar el metro? ¿Por qué están vacías las terrazas de Covent Garden, los restaurantes de Bicklane o los teatros del West End?
Nadie alcanza a dar una explicación convincente a lo que está pasando durante los Juegos, pero por si acaso han retirado del metro la severa advertencia que nos hacía a todas las horas Boris Johnson: “Hola, amigos. Aquí el alcalde… Este es el momento más grande en la vida de Londres en los últimos 50 años. Damos la bienvenida a un millón de visitantes y va a existir una tremenda presión sobre el transporte. No se dejen atrapar: vayan ‘online’ y planifiquen su viaje”.
Lo cierto es que los estrechos vagones viajan más holgados que nunca. No hay aglomeraciones en las salidas de Westminster, ni en Notting Hill, ni siquiera en Picadilly. En Oxford Street se puede avanzar finalmente por las aceras, y en los museos (gratis) se respira una tremenda placidez. En la Torre de Londres, mientras, certifican que las visitas han caído a la mitad.
De la noche a la mañana, el mensaje que durante varias semanas soportaron los londinenses (“escapa ahora, que estás a tiempo”) ha dejado paso a una improvisada campaña para llenar las calles desoladas: “Nunca ha habido un mejor momento para disfrutar de Londres”.

Un tercio menos de turistas

Los números cantan, y parece que al final han llegado apenas 100.000 turistas olímpicos; o sea, tres veces menos de lo habitual por estas fechas. A esto se añade el empeño por mandar a la gente rumbo al ‘este’, y por encerrarla en el mamotrético centro comercial de Westfield, en la entrada del ‘fortín’ olímpico, donde se quedan atrapados sin remedio unos 40.000 adictos a las compras todos los días.
La mecha del malestar ha empezado a prender entre tanto en el céntrico oeste. Los taxistas fueron los primeros en quejarse por los cortes de tráfico y por la ubicuidad de los carriles olímpicos. Nick Palan, director de Golden Tours, está movilizando a las agencias locales para intentar salvar “el verano ruinoso”. Andrew Lloyd Webber ha cerrado temporalmente tres de sus siete teatros y ha denunciado el “baño de sangre” en el West End.
Las esperanzas del ‘efecto olímpico’ para salir de la recesión empiezan también a difuminarse. El propio David Cameron dijo la semana pasada que los Juegos se traducirán en 16.000 millones de euros en inversiones en los próximos cuatro años. Andrew Goodwin, asesor económico de Ernst & Young, puso las cosas en su sitio: “Londres 2012 no es la bala de plata que todos esperaban”.
Carlos Fresneda (corresponsal) | Londres
Fuente : El Mundo

El drama tardolescente


Este artículo habla sobre toda una generación o generaciones de "tardolescentes" que supimos a duras penas conservar algunos rescoldos de viejos valores pero se nos forzó a una adolescencia sexual tardía, lenta y en muchas ocasiones, agónica. Sometidos a un alejamiento constante del sexo femenino. Alejándonos de nuestro complemento natural  y sometidos a una infausta cruzada doctrinal y mediática con la falsa bandera de una manifiesta hostilidad intrínseca hacia la mujer. Transformando así una falsa violencia de género en una auténtica soledad de género.
Cuando algo está tan bien escrito, tan poéticamente claro y preciso, se resiste uno a comentar mucho más.



Gonzalo Vázquez: El drama tardolescente

Posted by: Gonzalo Vázquez

Tiene casi treinta años. Podría tener veinte o cuarenta. En lo esencial nada ha cambiado ni lo hará. En algún momento su carácter y posición en el mundo se detuvieron, como el aire de las cuatro paredes que lo encierran. Son muchos. En realidad demasiados. No se les oye ni ve. Viven ocultos, palpitan en secreto y como perciben la existencia a solas se deslizan como espectros a la intemperie social, que con disgusto deben cruzar a diario.
Una ramplona perspectiva material los ha venido explicando por el retraso en su independencia. Viven en casa de sus padres como si algo dramático fuese a variar de hacerlo fuera, en el alquiler de una habitación que comparten con otros iguales, donde a lo sumo cambiará el marco pero difícilmente el cuadro, en cuyo tenue interior apenas se ha reparado.
En el alma de ese eterno joven dormita una vida afectiva que sigue enfermando. Muy temprano asumió que su emoción no era permeable, que del intercambio amoroso universal había sido descartado y que sentimentalmente habría de bastarse a sí mismo. Que mejor le sabría renunciar a la vida social que seguir deambulando por ella y castigar así la conciencia con la privación que mayor tormento le causa.
Nada más decidió que resignarse. Y los años de rutina solitaria fortalecieron los barrotes que le separan del mundo exterior, el abismo que subraya su vulnerable condición.
Hubo un tiempo en que agrupado sentía algún calor. De noche se entregaba con otros al alcohol y hasta empleaba su primera lucidez en cruzar la orilla y acercarse a ellas. Eran momentos de una valentía instantánea, de una ingenuidad sin nombre que atenuaba el sinsabor de las negativas hasta la noche siguiente, como creyendo que siempre habría una más.
Ese tiempo ha pasado. Voló en un suspiro. Ahora apenas encuentra arreglo entre los mortales. Se siente ridículo en cualquier bar, un pasmarote sin sombra en corrillos que no le apetecen. Alguna vez se anima y entre compañeros más que amigos disfruta un ligero cosquilleo. Pero de reojo no pierde ocasión en descubrir un rostro bello, unas piernas suaves o unas formas glotonas y lamentar que algún otro las goce. Por eso de un trago vuelve en sí para acabar matando la noche en su refugio consumiendo a solas cualquier cosa de la FNAC, el comercio que más frecuenta y del que se atiborra a ritmo endiablado.
Porque careciendo de vida afectiva afirma la vida culta, motivo por el que su conciencia le recuerda sin piedad qué le lleva a matar su tiempo entre románticos y foreros que como él dieron la espalda a la luz. Y en penumbra encuentra un sordo placer en ignorar el ardor de las pasiones y hasta en masturbar aprisa sus brotes, cuya insistencia maldice.

Monedas


 En el anverso de la moneda, aquello que deseas. En el reverso, la consecuencia inevitable del anverso; el miedo a perderlo. En el centro...es difícil hallar el centro de una moneda, pues solo tiene dos caras, pero imagina todo el espacio alrededor de la moneda. Imagina incluso el espacio sin moneda alguna. Imagina que no deseas y que no temes. Hallarás el centro, porque en el centro está todo. No necesitas desear porque ya lo tienes, por tanto no tienes nada que temer. Esta ahí, solo tienes que buscarlo, pero, que difícil es buscar el centro en la inmensidad de la nada, en la vacuidad del todo. Que difícil es mirar a través de las monedas, seguir un camino sin bordes que lo definan, sin flechas que indiquen la dirección a seguir. Pero piensa que quizá no necesitas hallar referencias para encontrar el camino, pues el camino lo es todo. Piensa que quizá sería más conveniente evitar las referencias que nos dan las monedas, que son las que en realidad nos impiden ver el camino. O mejor, no pienses demasiado, pues podrías tropezar sin querer con alguna moneda. O mejor todavía, imagina monedas sin bordes, sin caras. Imagínalas reales, pero intangibles. Imagina la realidad y quizás puedas hallarla, pues nunca la podrás tocar, pero en cambio algo te dice que existe. Imagina y encontrarás. Pues tal vez, la realidad esté hecha de imágenes reales de monedas que no existen.

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